martes, 12 de julio de 2011

Cascos apuesta por el "cambio" en Asturias con bajada de impuestos


    El candidato incide en la necesidad de invertir en infraestructuras,
apoyar el carbón y reformar el sector público  



Álvarez Cascos, ayer durante el discurso de investidura. EFE

El candidato a la presidencia del Principado de Asturias, Francisco Álvarez Cascos (FCA), esbozó ayer durante su discurso, que tuvo una duración de dos horas con varias citas
a Jovellanos, Cascos destacó su apuesta clara por un "cambio" basado
en la reducción de la reducción de impuestos
 y en un modelo de gestión
para los sistemas educativo y sanitario en el que se trabaje desde la
colaboración público-privada.

     Asimismo, el único candidato--ante la ausencia de candidaturas desde
PSOE y PP--, ha incidido en la necesidad de infraestructuras que reduzcan
el aislamiento de la comunidad, así como el apoyo de su Gobierno a la
minería del carbón más allá de 2018 y la reforma del sector público para
mejorar su transparencia y eficiencia.

     En su discurso, Cascos abrió de este modo el debate de elección del
Presidente de la VIII Legislatura, que tendrá continuidad mañana,
a partir de las 9.30 horas. A la sesión de hoy han asistido como invitados
el delegado del Gobierno, Antonio Trevín; el presidente del TSJA, Ignacio
Vidau; la procuradora general, María Antonio Felgueroso; el síndico mayor,
Avelino Viejo; el secretario general de UGT-Asturias, Justo Rodríguez
Braga; y el secretario general de CCOO de Asturias, Antonio Pino, entre
otras autoridades.

    Cascos ha señalado su compromiso para suprimir el impuesto sobre
hidrocrburos, conocido como 'Céntimo sanitario', al tiempo que ha apostado
por impulsar un modelo fiscal más "sencillo, claro y transparente", con
el que considera que se podrán obtener "mayores ingresos" sin necesidad
de aumentar los impuestos.
   
   Además, Cascos ha anunciado la puesta en marcha de un Plan Estratégico de Innovación para pymes y autónomos junto al impulso del comercio
electróico, los cluster, el uso de las TIC, e incentivos a la actividad emprendedora,con especial atención al medio rural, los jóvenes y las mujeres.

     En materia de empleo, se ha comprometido a impulsar políticas activas,
a través del diálogo social con sindicatos y organizaciones empresariales,
así como la creación de un Plan Autonómico de Empleo 2011-2015, incentivos
a empresarios que contraten a personas con toda su familia en paro, y
la implantación del 'Salario Joven', entre otras actuaciones.

Los nuevos cargos toman posesión en medio de la tormenta económica

Blanco, Camacho, Salgado y Chaves han sido recibidos esta mañana en La Zarzuela




    El nuevo ministro del Interior, Antonio Camacho, los dos vicepresidentes, Elena Salgado y Manuel Chaves, y el portavoz
del Gobierno, José Blanco, han tomado esta mañana posesión de sus cargos
en una jornada marcada por la tormenta económica que sacude la Unión
Europea.

           De hecho, el ajuste ministerial que acometió ayer el presidente del
Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha visto eclipsado por la
situación de la deuda española, afectada de lleno por las incertidumbres
en torno a la economía griega y las dudas sobre Italia.

           Por ello, lo primero que ha hecho la vicepresidenta económica tras
prometer su cargo ante el Rey ha sido reunirse en La Moncloa con el presidente del Gobierno para estudiar la crisis de la deuda soberana.

           También Blanco ha aprovechado su primera intervención como portavoz
del Gobierno para pedir a todas las administraciones públicas y a los
actores económicos que contribuyan a "afianzar y reafirmar la estabilidad
y la solvencia de la economía española". 


           Junto a este mensaje, Blanco ha admitido ante los periodistas que
será muy difícil sustituir "al mejor", en referencia a Alfredo Pérez Rubalcaba, y se ha comprometido a respetar la verdad, la inteligencia
de la gente, la independencia de los periodistas y la pluralidad de los
medios.

           Rubalcaba le ha entregado el testigo elogiando la elección de Zapatero
porque Blanco es, a su juicio, una persona "muy cercana", que "está todo
el día para lo que tiene que estar" y fiable.

           Por su parte, Camacho ha asegurado, ya en el Ministerio del Interior,
que "nada va a cambiar" en la política de su departamento tras la marcha
de su antecesor, porque ha compartido "de principio a fin" todas las
decisiones adoptadas por él.

           Acompañado por Rubalcaba y otros tres ministros del Ejecutivo, Camacho ha resaltado los avances en la lucha contra el terrorismo "desde el respeto
más escrupuloso a la ley y la democracia"
 y ha apostado por seguir en
esta línea "fomentando la unidad de los demócratas y teniendo a las víctimas
en el centro.



           También se ha referido a dichos avances Rubalcaba, quien en su discurso de despedida ha afirmado que en la lucha contra ETA se han conseguido
avances "importantísimos" en los últimos años.

           El candidato socialista ha elogiado a su sucesor, al que ha calificado
de inteligente, riguroso, reposado, trabajador y con sensibilidad humana
y social. "Por eso será un gran ministro", ha añadido.

           La jornada ha empezado para los cuatro ministros en el salón de audiencias del Palacio de la Zarzuela, donde han prometido sus cargos ante los Reyes y el presidente del Gobierno.

           Cumpliendo el protocolo, el ministro de Justicia, Francisco Caamaño,
ha actuado como notario mayor del Reino y los miembros del Gobierno han
prometido sus nuevas responsabilidades -todos formaban parte ya del Ejecutivo-
ante un ejemplar de la Constitución, otro de la Biblia y un crucifijo.

           Al finalizar, Don Juan Carlos, junto con la Reina y Zapatero, departieron
con los nuevos ministros, aunque fue a Camacho, el único que se estrena
como ministro, a quien el Rey saludó de forma más cariñosa.

           En esa conversación, Chaves comentó que algunos de los presentes
ya son "veteranos", mientras que el nuevo portavoz del Gobierno confesó
a los periodistas que se encontraba algo nervioso porque "estas cosas
imponen".

           Finalmente, como marca el protocolo, han posado para la fotografía
oficial.

Salgado asegura que "las aguas revueltas de los mercados volverán a su cauce"



La ministra de Economía y Hacienda aclara que el Gobierno hará todo lo necesario "para garantizar la estabilidad"
Elena Salgado, ayer con los ministros de la zona euro. (EFE)

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Economía y Hacienda,
Elena Salgado ha asegurado que "los mercados deben saber que el Ejecutivo hará lo necesario para garantizar la estabilidad", a la vez que se ha mostrado optimista tras la reunión este lunes del Banco Central Europeo
(BCE) y los ministros de Economía de la zona euro. Salgado ha recalcado que las aguas revueltas de los mercados volverán a su cauce, y que se hará todo lo necesario para garantizar la estabilidad.
      En declaraciones al programa 'Hoy por Hoy' de la Cadena Ser (escucha la noticia), la vicepresidenta se ha referido así a la subida ayer del diferencial entre la deuda española y la alemana por encima de los 340 puntos y ha señalado que los mercados este lunes atacaron a
los países con las deudas "más altas", reconociendo que esta inestabilidad que viven
se debe fundamentalmente a las "indefiniciones" sobre el segundo rescate a Grecia y la "cierta lentitud" de Europa. España ha pagado intereses más altos en otros momentos,
ha asegurado Salgado para recordar a continuación que esta semana no se emite deuda.
    Respecto a la reunión de ayer, la titular de Economía ha subrayado
que sus homólogos europeos fueron capaces de "hablar claramente" y "de centrar un documento con el acuerdo de todos, los países del Norte y
los del Sur, que establece algunas pautas a seguir en los próximos días".
     La crisis de la deuda ha propiciado además la reunión, esta misma mañana, del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con la vicepresidenta Salgado en el Palacio de la Moncloa, en un encuentro marcado de lleno por las incertidumbres en torno a la economía
griega y las dudas sobre Italia.
    Según han informado a Efe fuentes del Gobierno, Zapatero se ha citado
con la vicepresidenta justo antes de reunirse en la Moncloa con el presidente del Consejo europeo,
Herman Van Rompuy.

  

lunes, 11 de julio de 2011

Pasar de la riqueza a la pobreza

Un faraónico rebaño de vacas famélicas simboliza el sueño de millones de familias españolas en el tercer año de la crisis. Es la parte subjetiva de un terrible problema social que Cáritas Española  ha puesto en cifras, con datos propios y los de la más reciente Encuesta de Condiciones de Vida, del Instituto Nacional de Estadística (INE).  La conclusión es que no para de crecer la pobreza (alcanza ya al 20,8% de la población: cerca de diez millones de personas), en tanto que la exclusión social sumó 800.000 personas más entre 2007 y 2010, con nada menos que 8,5 millones de españoles en esa situación. Además, hay 1,4 millones de hogares en los que ningún miembro trabaja y otros 500.000 que ya han agotado los sistemas de ayuda y no tienen ningún ingreso.

La tesis general es culpar al paro de todas las situaciones de vulnerabilidad. Es una verdad a medias, según el último análisis de Cáritas mediante un estudio realizado en colaboración con la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada). "Incluso la población ocupada tiene esta sensación de empeoramiento de sus condiciones de vida al aumentar la precariedad o la incertidumbre respecto al empleo", sostiene la principal organización asistencial de la Iglesia católica.
La causa sigue siendo principalmente las múltiples consecuencias de un desempleo intensivo y extensivo en el espacio y en el tiempo, que reduce drásticamente las posibilidades de ingresos económicos suficientes en millones de hogares. Los expertos de Cáritas también achacan la situación "a la insuficiencia o futura pérdida de ayudas de protección social públicas" (por ejemplo, las prestaciones por desempleo).
No es la primera vez que se estudia la valoración subjetiva que tienen los españoles sobre su nivel de vida y situación social. Foessa lo hizo en 2008 sobre los diez años anteriores. Fue una década de vacas gordas, de prosperidad macroeconómica y de una generación de empleo espectacular, pero, aún así, el 30% manifestaba entonces que su nivel de vida era peor al de diez años antes.
"Les llamamos los perdedores en tiempos de bonanza", dice el profesor Sebastián Sarasa Urdiola, del departamento de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Suya es la metáfora de las vacas flacas en el sueño del faraón. "Queda poco de aquella bonanza", afirma.
Ha titulado su informe Efectos de la crisis en el nivel de vida subjetivo de los españoles. Foessa lo incluye en uno mucho más amplio (519 páginas), llamado   El primer impacto de la crisis en la cohesión social en España. Ayer lo presentaron Sebastián Mora, secretario general de Cáritas, y Francisco Lorenzo, coordinador de su equipo de estudios.

Con datos del profesor Sarasa Urdiola, la crisis ha invertido las proporciones de personas que valoran como buena o mala la evolución de su nivel de vida en los diez años anteriores a 2008. Si en 2007 casi cuatro de cada diez españoles valoraban que su vida había mejorado, en 2010 esa proporción se ha reducido a poco más de uno por cada diez. En sentido contrario, la mitad de los españoles asegura ahora que vive peor de como vivía diez años antes, frente a solo el 28% en 2007.
Este crecimiento de la insatisfacción es muy superior entre los jóvenes que entre el resto de la población, especialmente de más de 50 años. "Los mayores son los que menos han acusado el efecto de la crisis porque muchos de ellos son jubilados con ingresos públicos que les han protegido de la debacle del mercado de trabajo", señala Sarasa Urbiola.
Miguel Laparra , de la Universidad Pública de Navarra, se refiere a ese fenómeno como "una vuelta a la tortilla generacional". Junto a Ángel García García, del grupo de Investigación ALTER, Laparra ha estudiado las alteraciones que ha causado la crisis en el "espacio social", con la conclusión de que ha afectado más a las mujeres "pero cada vez menos por el hecho de serlo", y mucho más según el territorio o el tipo de barrio en que se habita.
"El infortunio nos hará iguales, pero no tanto", dicen, en el sentido de que se están diluyendo las fronteras de la exclusión severa, que alcanza tanto a titulados universitarios como a personas "con un nivel educativo menor del obligatorio".
Hay otra variable preocupante sobre este pesimismo respecto al presente, si se compara con el resto de los habitantes de la Unión Europea. España es el cuarto país en peor situación: nada menos que el 85% de los españoles cree que la pobreza ha aumentado (el 60% opina que lo ha hecho "intensamente"), solo por detrás de Grecia, Rumanía y Portugal y muy lejos del 38% de la media de la UE.
Otra consecuencia curiosa de la crisis es el incremento de la práctica religiosa (un 3%), en paralelo con un descenso de participación en actividades sindicales, deportivas o en asociaciones de vecinos. Lo documenta la profesora Rut Iturbide, de la Universidad Pública de Navarra.
Lo peor de todo es que la capacidad de respuesta del Estado, en sus diferentes niveles (Administraciones central, autonómica y local) se ha resentido muy gravemente con la crisis. Hay datos terribles en el informe de Cáritas, por ejemplo los tiempos de acogida o de respuesta en los servicios públicos ante un ciudadano que acude en demanda de auxilio.
El tiempo para concertar una primera cita o entrevista inicial es de casi un mes como media (25,9 días). En Cáritas el plazo medio para concertar una primera entrevista es de cuatro días, e incluso suelen realizarse el mismo día en que un ciudadano en apuros acude a solicitar la ayuda.
Sebastián Mora achaca la situación de los servicios sociales públicos "al fuerte aumento de la demanda, pero también a otras causas estructurales, como la falta de recursos económicos y humanos, o coyunturales, como bajas por estrés y numerosos cambios de destino que hacen difícil acompañar a las personas en sus procesos, o al hecho de que los horarios de atención apenas se han modificado en este contexto, de manera que no se da un servicio suficiente para disminuir la lista de espera".
La consecuencia es que, considerando el tiempo medio que transcurre entre la primera cita y la respuesta efectiva, cada tramitación y gestión de ayudas puede retrasarse más de dos meses en los servicios sociales públicos (65,3 días, aunque se ha reducido en el último año).
Estos retrasos dependen del tipo de ayuda solicitada, pero es en las prestaciones económicas donde la respuesta es especialmente lenta y donde se provocan tres graves fenómenos: el empeoramiento de la situación de las personas necesitadas de estas ayudas; la exigua adaptación del funcionamiento y los criterios de actuación de los servicios sociales a los nuevos perfiles de pobreza y exclusión que ofrece la crisis, lo que lleva a más respuestas de información que de resolución; y el hecho de que numerosas veces Cáritas -u otras organizaciones de caridad privadas, en su mayoría religiosas- se ven forzadas a adelantar el dinero a los beneficiarios de ayudas de los servicios sociales públicos, para reducir el impacto de la espera hasta que la ayuda económica es efectivamente recibida.
Hay casos en los que este método es de vital necesidad, por ejemplo, en las peticiones de la llamada renta mínima, que es considerada como un derecho que permite a los ciudadanos contar con un recurso básico para el sostenimiento de sus familias. Es una prestación que gestionan las comunidades autónomas y los servicios sociales públicos. Pues bien, el tiempo que transcurre entre la solicitud y el cobro efectivo de una renta mínima fue de 132 días como media en 2010.
Lo peor es que la lentitud, lejos de aminorar, ha aumentado en época de crisis: en 2008 la espera era de 98 días, y de 121 días en el 2009. En Cáritas, el tiempo medio entre la primera cita y la respuesta efectiva es de 7,3 días, "aunque también depende del tipo de ayuda que se solicite".
Son datos de la propia entidad, y no es fácil rebatirlos. Se trata de ayudas de máxima urgencia, que de no producirse, llenarían las calles de personas hambrientas y sin hogar. Por eso, muchas veces, las organizaciones de caridad se ven obligadas a resolver los casos de mayor urgencia y gravedad en el mismo día en que la persona acude a sus centros en busca de auxilio, en forma de alimentos, medicinas y ropa -especialmente si hay menores-, pago de suministros por amenaza de desahucio, etc.
Se trata de ayudas de urgencia que debe satisfacer la Administración del Estado. Lo hace, pero con más de cuatro meses de retraso, por falta de recursos (de liquidez) o a causa de la burocracia. Sebastián Mora insiste en que Cáritas complementa "los servicios sociales públicos, no los sustituye".